Cuanto hubiese querido el amor de mi padre.

Cuanto significado guarda la palabra papá y sin embargo para una índiceniña que creció sin el calor y la dulzura de esa persona especial, la añoranza se adueña de cada instante de su vida.

Muchas veces la mente infantil revoloteaba entre los primeros juguetes, obsequios de un abuelo materno a quien la naturaleza y circunstancias hicieron el sustituto de aquel, que solo dejó vacíos, esperas y desilusiones infantiles en una pequeña. Esa misma que esperó en vano, con sus ojitos fijos y llenos de lágrimas en el camino entre los naranjos o en la portada, frente a la guardarraya en espera de su llegada..

Ese hombre robusto lleno de mar y golondrinas, recorría el mundo de puerto en puerto, sin tener en cuenta que un puñado de monedas, un papalote o unas cuantas mudas de ropa para su hija, NO podía sustituir el amor y apego de un padre.

Un encuentro de tiempo en tiempo, besos fríos y sin el ardor necesario llenaron de añoranzas y tristes recuerdos a esa misma niña que hubiese dado un pedacito de su corazón, por ver aparecer a su papá en una reunión escolar o recorrer las calles de Florida en el asiento del motor que tanto soñaba.

Que mayor dolor para una adolescente ver los cambios de su cuerpo sucediéndose uno tras otro y mientras las compañeritas de escuela confiaban los más íntimos secretos a sus papás, ella tenía que conformarse con los consejos de su madre y una y otra vez el mismo sermón del abuelo materno, desgastado, un poco gruñón y casi ciego, que siempre indicaba lo que a su modo de ver parecía necesario.

Llegaron los tiempos de la universidad y cada estación, como las aves, pasaba volando: el primer amor, cada cumpleaños, los cursos y buenas calificaciones; …pero lejos el disfrute de la alegría por un triunfo o el consuelo, ante un revés o desengaño…

Fantasías, historias mal contadas, mentiras y rencores, fraguaron de acero la mente y el carácter de aquella joven, que no pudo ver ni aún en fotos a su papá conduciéndola de la mano, para entregarla al novio en la portada del Palacio de los matrimonios.

Esta misma mujer de sueños y realidades truncadas, por no tener a su lado el cariño de su padre, se cubrió de una coraza y aprendió del amor que NO humilla, exige o reclama, aprendió que el valor de una sonrisa, la entrega y la dulzura de un beso tierno, pueden derribar una montaña. A ella la vida le hizo fortalecer y se aseguró de nunca alejar a sus DOS hijas de sus padres.
Han pasado 46 años y el tiempo que todo lo cura, dejó secas las heridas que por tiempo sangraron, pero las cicatrices quedan en la mente y el corazón, para remover su historia cada TERCER domingo de junio, cuando se repite a si misma: “quisiera verlo y decirle bajito, tiernamente y con cariño que nunca odió a su papá, a pesar de haberle hecho tanto daño.

Hoy NI siquiera sabe donde está, si enfermo o necesitado de un hombro, para llorar tristezas, angustias o desengaños. ¡Y NO tiene idea en verdad!, tal vez esté dolido y lleno de remordimientos, por negarle sus besos y la palabra.

Aunque invisible en la gran ciudad, donde quiera que esté, recuerde usted padre en este día especial que tiene una hija y que a pesar de los desprecios, tantos aborrecimientos y mezquindades, aún con sus OCHENTA y tantos años, tiene una hija que le perdonó y le ama.

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